domingo, 27 de octubre de 2013

Un café doble, por favor

El sol cae y la vida en la ciudad despunta. Es viernes. En su mesa hay sólo un periódico y una billetera desgastada. El mozo se acerca y le entrega la carta. Sus pasos resuenan con fuerza una, dos, tres veces, y se pierden en el murmullo de voces que le rodean. Un ruido que sirve apenas para aplacar el eco de sus pensamientos.

Unos dedos finos de uñas color carmín hacen girar el menú hasta enfrentarlo con su mirada. Sin embargo, lo deja permanecer cerrado. Contempla con desconfianza cómo las letras en su portada bailan provocativas delante de sus ojos, deslizándose por la mesa y escurriéndose por los pliegues del mantel. Entonces, la silla vacía frente a la suya se aparta y un desconocido toma asiento, tras dejarla chirriar contra el suelo poco lustrado. Cabello café, ojos color miel.  La contempla sin decir nada. Ella le devuelve la delicadeza.

Una mano masculina se alza en el aire, llamando al servicio. El mozo regresa y aguarda expectante. Por su parte, sólo hay silencio. Sin embargo, la voz del extraño se deja oír, fuerte y decidida.

-Un café doble, por favor.

Es entonces cuando comprende que el sujeto no es tan desconocido y que su voz no resulta del todo extraña. Un recuerdo sofocado resurge. Cabello rubio, ojos pardos. Distinto aspecto, mismas costumbres. Sonríe y finalmente habla.

-Un té solo.

Los ojos de él se iluminan al notar que lo ha reconocido. Ella lo nota. Sin saber qué le aguarda, entiende que la misión no será fácil. Pero en ese momento no le importa. Por ahora, sólo quiere acabar su té.


sábado, 12 de octubre de 2013

Será que...

¿Será que lo hacés a propósito? Te encanta recordarme que un pequeño rincón de mi corazón aún te pertenece. Y cada día que te escucho, mi mente vuelve a preguntarse qué habría sucedido si mi destino hubiese sido distinto, si hubiera esperado a llegar a fin de mes. 

 El rival más difícil está en mi cabeza y hasta ahora viene ganando la guerra.