lunes, 7 de mayo de 2012

Sácate una cana

Su vida había transcurrido normalmente, sin ningún acontecimiento extraordinario, hasta ese día. Tras levantarse al despuntar el alba, se dirigió hacia el tocador. Removió un par de frascos y se quitó la redecilla que sostenía su cabello. Luego de rebuscar su crema predilecta, abrió el pomo y con delicadeza vertió un poco de su contenido sobre sus níveos dedos. Levantó la mirada hacia su reflejo y se acercó al espejo, con el fin de obtener una mejor visión de lo que estaba por hacer. 

Fue entonces cuando la descubrió. Flotando entre su cabello azabache, etérea y traviesa como una niña coqueta entre un centenar de niños, bailaba una cana. La contempló, asombrada al principio, reacia después. Frunció la nariz y sus labios se curvaron en una expresión de disgusto. ¿Qué hacía esa cosa allí? No se encontraba en ese sitio el día anterior, podía asegurarlo. ¿La habría implantado el duende de la vejez mientras dormía? Temerosa de que se cumpliese el refrán de que si la arrancas te salen siete, la ocultó como pudo, entre su melena oscura. Pero la cana no estaba decidida a permanecer en el anonimato. A media mañana, uno de sus compañeros de trabajo que rara vez le dirigía la palabra, realizó el primer comentario en voz alta sobre la inquilina que descansaba en su cabeza. Lejos de hacerlo de forma despectiva, argumentó que ni siquiera los más bellos se libraban de ellas. La muchacha rió. A otros de sus colegas les pareció divertida la idea y pasaron toda la hora del almuerzo charlando animadamente con ella, quien rara vez gozaba de una compañía que no fuera la propia en esos horarios. 

Al llegar la noche, volvió a contemplarse en el espejo. Dirigió toda su atención hacia la cana, gustosa de haber recibido tantos buenos tratos aquel día. La cogió entre los dedos índice y pulgar... Y la arrancó. A la mañana siguiente, grata fue la sorpresa de descubrir siete canas nuevas y refulgentes en su cabeza. Esa vez, acaparó la atención de su mejor amiga, quien escandalizada se preguntó si a ella también le estaría llegando la hora de ponerse "antigua", como le gustaba llamarlo. Pero así y todo, pasaron una estupenda tarde. Tan feliz fue ese día para la joven, que al caer la tarde, se despidió de sus siete canas, para despertarse al otro día con cuarenta y nueve cabellos blanquecinos decorando su melena color azabache. 

Y así fue pasando su vida. Su monótona rutina se transformó en un apasionante camino al éxito. Su cabellera se fue tornando cada vez más blanca, hasta que llegó la noche en la que no pudo seguir arrancándose canas, pues aquello le hubiese equivalido a quedarse pelada. Ya no quedaba una sola mancha negra en su melena. Su cuero cabelludo estaba malherido por el continuo esfuerzo de todas las noches, pero  las canas decoraban su rostro, fuertes y resistentes. Y ella era feliz. Arrancar cada cana había supuesto un sacrificio, un esfuerzo. Pero los frutos de aquello habían sido cien veces más gratificantes. Habiendo llegado al culmen de su vida, podía declararse completamente hecha. Y pensar que todo había comenzado por una tonta cana. Muchas habrían hecho un desesperante drama al descubrirla, pero ella no... 

Ella había sido optimista.


6 comentarios:

  1. :O... allí esta ese no se que, que te mencione en el comentario anterior... Una entrada EXTRAORDINARIA mi querida Rita... No se como se llamaba aquella mujer que dejo cubrir su cabellera de espuma, pero estupenda... Podría rescatar muchas cosas de esta entrada... como, ver la "vejez" con optimismo, abrirle bien los ojos a la vida para no dejar escapar nada, valorar la compañía y saber que de algo "malo" se puede obtener cosas buenas y nuevas... estupendo...
    Saludos... ñ_ñ

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  2. Me ha gustado mucho el relato. Supongo que lo importante en la vida es la actitud que tenemos ante lo que se nos viene encima, pues esa actitud es lo que podemos controlar.
    PD. Si algún día te da por volver a desaparecer, espero que avises ,)

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  3. Hermoso texto, la verdad que, a medida que leía, un montón de palabras rondaban en mi mente, pero cuando lo terminé, me quedé anonadada y sin ninguna palabra para deletrear en el teclado. Te mando un beso enorme, espectacular entrada.

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  4. Sí, puede quee s está imperfección que tiene cada uno que nos hace hacer perfectos. Si ella, la compaña tan perfecta no uebiera tenido esa imperfección no hubiera llamado la atención. Las imperfecciones nos hacen ser diferentes y con ello, ser perfectos a nuestra manera. Yo lo veo desde está perspectiva...¡Bonito texto!

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  5. Qué será lógico de aquel pavor infame que a muchos asalta el sabernos destinados a ver los años sucederse ante nosotros. Será la perspectiva de creerse inútil o acaso el temor de comprender con terror que el fin nos asecha a cada instante... ¿Podrá ser tal vez aquel pavor una nueva treta con que el destino trunca la posibilidad de disfrutar nuestra existencia?

    La respuesta tal vez no tenga ningún sentido cuando has hecho entrega de la herramienta infalible para salvar semejante obstáculo, cuando te has hecho cargo de reiterar una lección que tercamente nos empeñamos en olvidar. Somos cambio, y quien ose negarse a este se condena a ver la vida pasar como un evento ajeno a la realidad propia. Quizás llegado el momento, logre formar parte de aquel grupo privilegiado.

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