miércoles, 22 de febrero de 2012

Pobre corazón

Basta. Basta. Basta. Por favor, te lo imploro, no tortures más a mi pobre corazón. Está cansado, ¿no ves? Al pobrecillo le cuesta respirar. No necesita que lo sigan agobiando, así que vete. Ya, ahora, en este mismo instante. Márchate bien lejos y déjalo dormitar. 

¡Vamos, vete! ¿Qué esperas? ¡No! Ya te he dicho que no te quiero cerca. No dejaré que vuelvas a tener ningún tipo de influencia sobre mi corazón. ¡Déjalo ya! ¿Es que no entiendes? No te quiero aquí, él tampoco te quiere aquí. Bueno, en realidad sí que lo hace, pero yo no voy a permitir que te quedes en este lugar, no quiero que vuelvas a dañarlo. Te eliminaré de la peor manera si es necesario. Muy bien, eso, aléjate. Vete, vamos, más deprisa.

Mira, corazón, se está yendo. ¿Lo ves? ¿Por qué lloras? Si ya no tendrás que verlo nunca más. Shh, shh. Calla mi pobre corazón. Ya se ha ido, no volverá a molestarte. Ahora descansa, junta nuevas fuerzas. Sé que te ha lastimado mucho, pero quizás mañana puedas volver a amar.



2 comentarios:

  1. Rita, que situación tan usual describiste. Me paso en alguna oportunidad :( es tan triste que lastimen a tu corazón. Me encantó la entrada de todos modos, hermosamente escrita. Besitos enormes.

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  2. No hace falta que el corazón agote su llanto hasta no considerarlo del todo prudente. Hará falta siempre una meticulosa limpieza para que continúe bombeando con el vigor que le corresponde.

    Llora, cae, sufre... corazón que late en silencio. Vive con calma paciente el encanto del desencanto que ha ido finalmente a tu encuentro. Crece con el dolor que se empeña en el retraso constante de la dicha que se avecina, para evitar con acierto que el letargo nuble la visión de su repentina e inminente llegada.

    Porque, al fin, no puede saberse de soles... si jamás se ha oído de lluvias.

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