martes, 6 de diciembre de 2011

A thousand fiery suns

Hay un chico. No es nadie especial, sólo un joven que podría pasar completamente desapercibido entre la muchedumbre. Bueno, esto no es del todo cierto. Lo sería si no fuera por su sonrisa. Ese gesto tan genuino y agradable, que lo hace brillar con la intensidad de mil soles, derritiendo con su ternura encantadora a aquellos que osan posarse a su alrededor.

Lo conocí un día. No una noche, ni una tarde. Un día. Una mañana en la que el astro mayor irradiaba su calor, derrochando calidez por toda la faz de la tierra. Pero eso no era nada comparado con la intensidad que emanaba su sonrisa. Cuando lo vi, supe que él se convertiría en alguien muy especial para mí. Sería el sol que encandilaría por completo mi corazón. Bueno, en realidad, en aquel preciso instante en que mis ojos se posaron en su sonrisa, supe que aquel trozo de carne latente en mí era plenamente suyo. No bastó más que ese gesto tan puro en su rostro, para que todo mi ser comenzara a pertenecerle. 

Es así como comenzó su historia, esa que espero que algún día se convierta en nuestra. Pero es el día de hoy que aún existe ese enorme abismo entre ambos. Cómo si él perteneciese a una galaxia demasiado lejana, a la que yo, con mi esencia de agujero negro fatalista, no puedo consumir. La cruda realidad es esa. No es fácil lidiar con alguien como yo. Todo lo que se acerca, lo absorbo, lo extingo. Yo le quiero mucho, pero él parece no notarlo. O quizás tiene miedo, pánico de que con un simple abrazo de mi densa oscuridad, sofoque su motivo de ser, apague su sonrisa. 

Oh, maldita oscuridad. ¿De qué sirve ser un ave nocturna, o la mismísima noche con su imponente presencia, si no puedo aspirar a compartir con él mi existir? Hay días en los que me gustaría ser la luna. Al menos, ella tiene permiso para escaparse de tanto en cuando, de huir de la apabullante penumbra noctámbula y exponer su frágil presencia a la claridad del día. Al sol. Pero yo no soy ella, yo no soy la luna. Soy de índole tenebrosa, y destructiva como ninguna. Pero aún así…

Él estremece mi mundo.

Ese universo del que nadie puede formar parte pues se ve lacerado en el intento, tiembla ante la simple mención de su nombre, sufre convulsiones si logra vislumbrar a lo lejos su presencia. 

¿Logrará el sol ser de mi propiedad en algún tiempo futuro? Hace tiempo ya que no lo veo y no sé si volveré a hacerlo algún día. En realidad, sí lo sé. Porque sólo será de día si lo vuelvo a ver. De lo contrario, viviré en una noche eterna, en un oscuro callejón sin salida. Pero de verdad que me gustaría verlo sonreír otra vez…

Si es que aún amanece gratis para mí.



6 comentarios:

  1. Pedro, tu ahijado querido,7 de diciembre de 2011, 13:49

    En una palabra: alucinante. De verdad que no sé como puedes ser capaz de escribir tan... tan... indescriptiblemente bien. Es la forma en la que lo cuentas, que hace que sigas la lectura de una manera amena y entretenida. Si es que ¡he llegado al final y todavía quiero más!

    Repito: alucinante.

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  2. Quizás sea el hecho de que lo escribo realmente con el corazón, lo que hace que a ojos ajenos quede bonito. No hay nada como ver reflejada la sinceridad en palabras.

    Y si te quedas con ganas de más, es porque la historia todavía no termina. Al menos me queda por ver otro año amanecer.

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  3. Es verdad. Cuando se escribe con el corazón haces que expreses lo que realmente quieres al lector. Es como cuando cantas, o tocas algo... Si lo haces con pasión y con esto: <3, harás que el público se identifique, brille de emoción, llore... porque de verdad lo vives y lo expresas limpiamente.

    Ahora, yo tengo que decir que no hay nada más bonito que leer algo en el momento adecuado. Es decir, identificarte tal vez con la historia o haberlo percibido con nuestros sentidos.

    Me encanta que hayas escondido a los personajes en la naturaleza del universo, tan grande... Y es que de verdad te sientes insignificante al leerlo.

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  4. Yo creo que de esto (<3) me sobra. Así que, más le vale que comience a funcionar bien para poder escribir y expresarme realmente con él.

    Las palabras indicadas en el momento indicado, me ha sucedido alguna que otra vez. Ah, y eso de sentirme insignificante ante la asombrosa supremacía de la literatura -mas no la mía- me pasa todo el tiempo.

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  5. ¿Y qué sentido podría suponer la existencia del sol sin una fuerza que quisiera irrumpir en antítesis? ¿Podría acaso tener un nombre la penumbra sin la inevitable presencia de un destello fulminante? Algo siempre hay de sabio en los refranes que se han refugiado de boca en boca a lo largo de los años: no existe lógica para ente alguno que no cuente con el opuesto que justificará su propia esencia.

    ¿Qué más da el dolor si puede a instantes huirse de sus fauces? ¿Bastaría a un hombre la felicidad inalterable para reconocer que en efecto la posee? Al final del día... todos somos tinieblas... y todos buscamos un haz de luz que nos arranque de esta escena estática que vamos construyendo a cada paso errado.

    Debe existir una noche cerrada.

    Para abrir el paso a un nuevo día.

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  6. Y cuánto deseo yo poder superar esa noche, para abrirme paso a un nuevo día. No te he contado, pero creo que lo estoy logrando. Es sólo cuestión de paciencia y perseverancia. Yo no tengo, pero por suerte tengo a mi antítesis, que sí las posee.

    Veré si tengo suerte.

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