martes, 20 de diciembre de 2011

Mejor tarde que nunca

Durante todo el día de hoy, se me fueron ocurriendo diversas ideas para realizar prácticamente un sinfín de entradas. Sin embargo, aplacé el momento de dejar a un lado los libros de Química para ponerme a escribir, intentando así ser responsable. Nunca hago esto. Por lo general, apenas la inspiración acude a mí, destierro al resto de mis ocupaciones de una forma casi despótica y desboco todos mis sentidos hacia la marea de pensamientos que surgen de mi mente.

Y finalmente, cuando llegó el momento en el que mi cerebro ya no procesaba absolutamente nada de fórmulas, equilibrios y reacciones, creí que era el momento propicio para dejar viajar mi imaginación hacia los recónditos lugares que horas atrás había pensado. Sin embargo, me asombré al descubrir que mi mente estaba totalmente vacía. Salvo algunos recuerdos ñoños de una de esas típicas películas adolescentes cuyo final alcancé a ver mientras comía una fruta, no había absolutamente nada.

¡Pero... demonios!

¿Y ahora que hago? ¿Qué escribo? ¿Siquiera debería escribir? Uff. Al momento de armar este blog, creí que lo utilizaría netamente con fines literarios. Pensé en recopilar gran parte de mi labor de toda la life, cosa que hice con los escritos que logré hallar entre la maraña de desperdicios que hay en mi habitación. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que este tipo de monólogos desvariciosos (palabras inventada, oh yeah!), comienzan a hacerse cada vez más frecuentes. Pobre de mí. Y de todo aquel que lo lea. Sé por experiencia propia, que nada bueno puede salir de estas cosas. Si alguien leyera mi diario de niña... Tenía serios problemas mentales, estoy totalmente segura. Y un grave problema para socializar con la gente, cosa que últimamente se me está dando un poco mejor. 

La cuestión es que... Con consciente inconsciencia, a mis entradas les fui dando color según el estilo. Incoherencias, en gris clarito, mística literaria, en gris oscuro, textos ajenos, en colorcitos varios. Creo que alguno de estos días en los que tenga más tiempo, voy a volver sobre mis pasos -o mejor dicho, sobre lo escrito- y le voy a poner más categorización cromática, que queda chachi.

Ay, esa palabras me hizo acordar a Diez cosas que odio de ti. Cómo se la bancaba el profesor de literatura. Y Heath Ledger... Que en paz descanse.

Later!



5 comentarios:

  1. Hola Rita, encantador espacio el tuyo,
    estos días entrañables en los que compartimos alegrías con los familiares y amigos, deseo pases unas felices fiestas.
    un abrazo.

    ResponderEliminar
  2. Una vez intenté hacer un blog literario y no lo conseguí. Yo siempre he preferido un blog-diario. Me pasa lo mismo que a ti con mis diarios de hace unos años, jeje. Pues yo espero que sigas escribiendo así, porque me gusta.
    Un besito :)

    ResponderEliminar
  3. Gracias e igualmente, Ricardo.

    En algo nos parecemos, C. Supongo que lo intentaré, pero en mí nada puede preverse.

    ResponderEliminar
  4. Tuve también en mi infancia un diario que hubo de acompañarme con persistencia virtuosa en cada uno de aquellos horribles instantes en que me hizo falta.

    Y su compañía hoy la reconozco como una maldición titánica.

    ¿Hace falta expresar motivos? No cuando se piensa que aquellos secretos son tan privados como nuestra propia alma. Siempre habré de preferir la confesión indirecta de un texto que sabe maquillar la abominable verdad oculta de nuestro sentir más profundo.

    --

    ¿Y qué importa si una vez más no ha de comprenderse lo que un ser cobijado en las sombras intenta expresar, si con eso impone también su punto de vista en cuanto a lo que este refugio le ofrece?

    La cuestión es dejar una estampa que le permita la posibilidad de una nueva y placentera visita.

    ResponderEliminar
  5. Después de tan locuaz comentario, sólo me queda decir que espero seguir recibiendo tus visitas.

    ResponderEliminar