domingo, 11 de septiembre de 2011

Tan vulnerable

Hoy me reí del destino,
lanzando una mirada despectiva
a su estúpida e inmanente presencia.

Crucé la línea de lo prohibido
y me atreví a soltarle un tétrico aullido,
una siniestra exclamación de advertencia.

Él ya no decidiría por mí,
pues desde este preciso momento,
sería yo la forjadora de mi propia esencia.

Mas el valor no duró mucho tiempo,
sino que pereció, como desfallecen
las cáusticas aguas en tierra desierta.

El fracaso acarreó sobre sus ancas
el espíritu joven que pretendía
crear su historia sobre viejas viñetas.

Mi lucha era la de otros tantos
que en vano intentaron alcanzar
la tan deseada trascendencia.

Y que luego de una corta vorágine
habían sucumbido a su destino,
presos de una cruel inexperiencia;

proclamando al odioso olvido
con una plegaria, el retorno
de una esperanza ya muerta.


2 comentarios:

  1. Y es que estamos sometidos. A veces, cometo la osadía de pensar que lo permitimos ciegamente, que nos traicionamos con una inconsciencia indolente. Porque el destino saca provecho de nuestra ignorancia... y por esto no puede ser más cierto lo de una pérdida desencadenada de la inexperiencia.

    Habrá que vigilarla, habrá que estudiar sus tácticas, para lograr en algún momento sobrepasar su vil fuerza agresiva.

    Urdiendo en silencio... existe otra esperanza.

    O no.

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  2. O no.

    Son esas palabras las que limitan mi eterna esperanza de que haya un horizonte distinto más allá de toda esa realidad que hoy toca vivir. Pero así y todo, quiero creer que aún hay otra salida.

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