lunes, 18 de octubre de 2010

En tu espera

Hace mucho tiempo me contaron
que dentro de un barco gigante
navegaba un alma solitaria
en busca de algo importante.

Pasó meses a la deriva
sin un rumbo prefijado,
más cuando quiso acordarse
vio que había naufragado.

Palmeras, rocas y arena
se convirtieron en el lugar
donde las trivialidades del destino,
conformaron su humilde hogar.

En una vivienda precaria
durante un tiempo vivió,
más la soledad que le rodeaba
su insondable tristeza aumentó.

Los deslumbrantes atardeceres
pronto le parecieron vacíos,
sus ojos comenzaron a asemejarse
a los cristalinos y caudalosos ríos.

Era evidente que algo le faltaba;
probablemente, un alma compañera
que le custodiase por las tardes,
le quisiese siempre y no se fuera.

Mas no por nada llaman isla desierta
al lugar donde no habita la gente,
sitio donde la soledad será parte
del pasado, del futuro y del presente.

El alma solitaria tardó en comprenderlo
muchos años, casi un siglo, una vida.
Y es así que ahora llora su desconsuelo
al saber que la alegría está perdida.

Si algún día pasas, amigo, por dichas tierras
no te asombres de oír en la zona costera
los profundos clamores de aquel alma
que desahuciada llora en tu espera.


4 comentarios:

  1. El primero que he leído y me has hecho emocionar. Los pelos de punta me has puesto. En serio, me ha encantado. Seguiré leyendo los demás (L)

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  2. Si has visto un comentario extraño, es porque te creía otro Sergio, no me pegues. Pero me encanta que alguien como tú lea mis cosas, a ver si algún día sigo tu ejemplo y escribo una novela. *_*

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  3. Bien haría esta alma perdida en acabar con la espera sufrida. Pues nadie hay que pueda asegurarle que la compañía ponga fin a su agonía. Mejor es, al menos eso opino, sufrir por costumbre antes que sufrir por obra de otra alma.

    ¡Que necio! ¡Que vil es el hombre! Que aún sabiendo el daño que causa, aún presagiando el dolor que su impacto con otro trae, busca desesperado buscará siempre a quien más angustia le cause. Somos masoquistas.

    Precioso reflejo de que cualquier camino trae mala fortuna. El ritmo de tu lírica es simplemente delicioso. Me sentí junto a esa alma... y quise inútilmente consolarla.

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  4. Y esa alma está aquí, en espíritu a sólo unos pocos centímetros, aunque miles de kilómetros separen su presencia material de la tuya.

    En este mar de sentimientos, de soledad y de angustia, le ha venido bien que, para nada inútilmente, quisieras consolarla.

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