lunes, 18 de octubre de 2010

En tu espera

Hace mucho tiempo me contaron
que dentro de un barco gigante
navegaba un alma solitaria
en busca de algo importante.

Pasó meses a la deriva
sin un rumbo prefijado,
más cuando quiso acordarse
vio que había naufragado.

Palmeras, rocas y arena
se convirtieron en el lugar
donde las trivialidades del destino,
conformaron su humilde hogar.

En una vivienda precaria
durante un tiempo vivió,
más la soledad que le rodeaba
su insondable tristeza aumentó.

Los deslumbrantes atardeceres
pronto le parecieron vacíos,
sus ojos comenzaron a asemejarse
a los cristalinos y caudalosos ríos.

Era evidente que algo le faltaba;
probablemente, un alma compañera
que le custodiase por las tardes,
le quisiese siempre y no se fuera.

Mas no por nada llaman isla desierta
al lugar donde no habita la gente,
sitio donde la soledad será parte
del pasado, del futuro y del presente.

El alma solitaria tardó en comprenderlo
muchos años, casi un siglo, una vida.
Y es así que ahora llora su desconsuelo
al saber que la alegría está perdida.

Si algún día pasas, amigo, por dichas tierras
no te asombres de oír en la zona costera
los profundos clamores de aquel alma
que desahuciada llora en tu espera.