jueves, 20 de marzo de 2008

Ternura perturbadora

Te veo allí sentado
con tu dulce rostro aniñado,
pienso en lo raro que me resulta
tenerte casi a mi lado.

Busco la manera de hablarte
pero me avergüenzo fácilmente,
quisiera conocerte más hondo
pero no tengo el valor suficiente.

¿Qué decirte sin parecer una tonta?
Me pregunto con frecuencia.
Es poco lo que conozco,
más allá de tu apariencia.

Nuestros ojos se cruzan fugazmente
mientras rápido desvío la mirada,
de mí no quiero que te lleves
una falsa impresión de la nada.

¿Hablaremos algún día?
¿Me sonreirá tu cálido rostro?
¿Dirá esta felicidad que me perturba
que somos el uno para el otro?


4 comentarios:

  1. Es la duda el primer y el primordial paso. Pero no el único, creo que lo sabes. Con preguntas comienza una grandiosa hazaña, una que sólo existe con acciones concretas. ¿Será que el porvenir contendrá algo de lo que anhelamos? Interviniendo. Sólo así podríamos comprobarlo.

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  2. Cada uno forja su propio destino. Yo ya empecé a construir el mío, que por cierto no contiene a la inspiración de este poema en sus planes. ¿Tú ya estás concretando el tuyo?

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  3. La intención existe. Me frena la conciencia de cuantas pasiones deberé dejar atrás para construirlo. Sucederá, más temprano que tarde. Lo tengo claro. Pero es mejor retrasar la despedida, en tanto aún se pueda forzar a dilatar estos tiempos.

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  4. Pero quizás retrases tanto la despedida que la idea de marcharte termine siendo insostenible.

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