sábado, 2 de julio de 2005

Atón, la repudiada y la flor

Un día, revisando el interior de un baúl que había pertenecido a mi bisabuelo, encontré una caja de madera tallada. Al abrirla descubrí entre unos objetos muy antiguos, una foto de una mujer que parecía haber sido egipcia. Busqué un poco más en el interior de la caja y saqué unas hojas amarillas por el tiempo, seguramente mucho, que habría pasado desde que las escribieron. Me senté en un sillón y comencé a leerlas:


Un día una mujer muy hermosa estaba caminando por los jardines del palacio, su nombre era Nefertiti y adoraba a un dios llamado Atón. Pues ella sentía que el sentido de su vida estaba en él, y pensaba dedicar toda su vida a rendirle culto junto con su esposo Akenathón (significa “Atón está satisfecho"), pero eso no fue posible. Cuando estaba bajo la sombra de una palmera, una esclava, fue a comunicarle que el faraón la quería ver. Al llegar al trono donde estaba su esposo, él, sin aclararle nada le dijo:

-No quiero ser más tu esposo.

Nefertiti le preguntó el porqué de su repentina decisión, pero él no le quiso dar más explicaciones, únicamente le ordenó;

-Quédate aquí, en el palacio de Akenathón, yo volveré a establecer a Tebas como la capital y viviré allí nuevamente.

Dos soldados que estaban allí recibieron la orden de llevar a Nefertiti a su cuarto y vigilar que no saliera hasta que él se fuera de esa horrible ciudad que no quería volver a pisar jamás.

La joven, mientras lloraba desconsoladamente, pensaba la razón de la inesperada decisión de Akenathón de abandonarla sin darle ninguna explicación.

Después de unas horas, que le parecieron años, le dieron el permiso para salir de su habitación. Salió y fue hacia los jardines a contemplar la luz del Sol, mientras pensaba cuánto tiempo más podrías vivir en aquel encierro.

Pasados unos días Nefertiti estaba más pálida y delgada, por las horas que había pasado llorando sus penas. Lo único que la alegraba era rendirle culto a Atón, su dios amado, con sus cantos. Ella había compuesto muchas canciones para él y pasaba la mayor parte del día entonándoselas.

Su piel se había puesto áspera y su pelo ya no tenía más ese brillo hermoso que solía poseer.

Así su vida fue apagándose lentamente, hasta que un día su cuerpo quedó inmóvil sobre una gran roca, a orillas del Río Nilo, en la que ella solía ir a observar el atardecer cuando se escapaba del palacio. Y de sus restos salió una flor color rosa pálido que hoy se conoce como “Rosa de Atón” y solamente crece en lugares donde el Sol las ilumina plenamente. Lo mas bonito de esa flor es que despliega lentamente sus pétalos y soltando un suave perfume saluda con ellos a su dios, Atón.


Doblé nuevamente las desgastadas hojas y sin que mi distraída hermana lo advirtiera, las guardé en mi bolsillo y caminando suavemente por el oscuro piso que opacaba la luz del Sol, salí de la habitación.


2 comentarios:

  1. El pasado trae siempre consigo sorpresas que valen más que los tesoros de este tiempo. Secretos y sorpresas que nos hablan de nosotros mismos, del por qué de ese camino que nos ha traído hasta el presente que hoy gozamos y sufrimos.

    El pasado es parte de nosotros. Hay que respetarlo.

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  2. Y hay algo que se llama "trabajo de Lengua y Literatura sobre el Antiguo Egipto". e_é
    Tú, con tus comentarios siempre tan profundos, me humillas.

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