jueves, 20 de marzo de 2014

Metamorfosis

A veces me pregunto el por qué de las cosas. Suelo hacerlo bastante a menudo, quizás más de lo que me gustaría. Especialmente, mis cuestionamientos abordan las razones más absurdas que me rodean y me moldean. Hay demasiadas cosas que no comprendo, o que aún llegando a entenderlas hubiese deseado no tener que preguntarme acerca de ellas.

Tantas cosas me dan miedo que van rompiéndome de a poquito, en pequeños pedacitos que voy dejando por aquí y por allá. Cada vez que me miro al espejo, descubro que en mi reflejo hay un poco menos de mí y un poco más de alguien a quien no conozco. Quizás podría llegar a conocer a ese alguien nuevo, si tan sólo me hiciese menos preguntas... A veces alcanzo tal velocidad de autodestrucción que cuando vuelvo a levantarme me encuentro frente a alguien completamente desconocido. Pero ese alguien aún sigue preguntándose el por qué de las cosas. 

Quizás eso es lo único que mantiene unido el principio y el fin de mi existencia: las preguntas. Quizás, si algún día mi cerebro finalmente se callara, no quedaría nada más de mí en ese alguien. Hay días en que me gustaría poder lograrlo, aunque sea solamente un segundo. Pero, nuevamente, me da miedo... Me da miedo que, llegado ese momento, no sea capaz de encontrar el camino de vuelta. 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Naranjo en flor

Si hay algo que siempre me molestó mucho de los hombres, es que con el transcurrir del tiempo en una relación, se olvidan de ser románticos, como si ya tuviesen asegurada la conquista de nuestro corazón y no tuviesen la necesidad de reconquistarlo día a día para mantener su soberanía en él. 

Pero así como las plantas se marchitan si no las riegan, los corazones femeninos pierden el brillo cuando la monotonía se instala cómodamente en el florero vacío, el buzón sin cartas de amor y las cajas de bombones vacías en el cesto de basura. Necesitamos pequeños gestos, sorpresas, delicadezas, que cambien la rutina, que vuelvan inesperada la cotidianidad que rodea nuestras ajetreadas vidas. Y no, no vamos a pedirlo expresamente. Porque de hacerlo, dejaría de tener sentido la razón que los movería a hacerlo. Pero quizás un comentario perdido al pasar por delante de un puesto de flores o la sutil sonrisa cuando el chico perfecto de las películas hace un gesto de amor, son las excusas detrás de las cuales escondemos los más hondos deseos de nuestra alma. 

El cerebro, el alma y el corazón de una chica romántica viven dentro de una película, desean ser parte de ella, volverla realidad. Según TNT lo que pasa en las películas también pasa en la vida, y hasta no convertirnos en las protagonistas de nuestro propio cuento de hadas no dejaremos de intentarlo. Tantas veces que lo decimos, tan pocas veces que lo escondemos... ¿Y aún no se han dado cuenta?

¿Y aún no te diste cuenta?